Notas de dirección

LINDA WISE

   La primera vez que trabajé con Javier Liñera recuerdo haberme dicho: “Con sus dones y generosidad, me gustaría un día poder trabajar en una creación con este artista.” El deseo se hizo realidad, y el resultado es “Barro Rojo”.

Se trata de un proyecto fuerte – sin duda para Javier, que se da el desafío de una obra uni-personal, pero también debido a la complejidad de niveles del material que nos presenta bajo forma de una ficción (auto)-biografía, documentando algunas de los momentos más oscuros del erotismo de la reciente historia social de Europa: el miedo, el odio, los tabúes y la represión que rodean el amor homosexual.

Tal vez la clave de la dirección es la siguiente: lucidez humana y mente abierta, de modo a no dejarse llevar por corrientes subterráneas de recriminación y de desesperación, y lograr seguir a un hilo, por muy tenue que sea, que logre presentar una visión de tolerancia hacia cada vida individual y permitirle que sea vivida de acuerdo a sus propias necesidades.

No se trata sólo en esta obra de un “salir del closet”, o de un “acting out” y de “extrovertir” lo que puede implicar el ser “gay”. La intención no es sólo el desafío, a pesar de que contiene un claro y militante reclamo de justicia. Intenta también ser un gesto transparente, y yo diría casi “sacrificial”, al ir mas allá de la liberación del alma del artista – y saliéndole al paso para cuestionar los límites de nuestra tolerancia con los demás, con la alteridad de los demás, y esto, especialmente, en la forma en que nosotros, humanos, usamos y jugamos con las figuras políticas más profundas dentro del ámbito que mi colega Enrique Pardo llama “el teatro de la sexualidad”.

 

DANIELA MOLINA CASTRO

  Cuando Javier me invitó a ser parte de este proyecto, no hubieron dudas. La oportunidad de tratar un tema tan sensible y tan imprescindible como lo es el de la memoria y el de nuestros derechos como seres humanos, no había manera de quedarse abajo del tren, ya que precisamente estos temas están en el centro de mi trabajo como artista escénica. Vengo de Chile, un país que también sufrió una dictadura y que, hasta hoy, sigue en deuda con su memoria histórica. Así como Chile, España o Alemania, todos los países tienen historias que nos recuerdan no sólo que no debemos repetir las atrocidades del pasado, sino que hubieron valientes, locos, luchadores que dieron la vida porque hoy podamos caminar un poco mas libres por las calles.

Tratar un tema tan crudo y delicado como este, mezclando en escena la danza, el movimiento, el teatro, las canciones y la voz en todas sus expresiones es un trabajo que requiere un nivel de escucha importante, para encontrar el justo equilibrio entre cada uno de los elementos que conforman la puesta en escena. En ese sentido trabajar con un artista integral como Javier es un placer y un volcán creativo. Pocas veces he tenido la oportunidad de conocer un actor que mezcle de manera tan fina la precisión y la sensibilidad; el cuerpo y la voz; el músculo y el alma.

El trabajo creativo, junto a Linda y Javier ha sido un gusto, un equipo profundo y profesional, donde cada uno tiene el espacio para aportar desde su experiencia y punto de vista. Contar con la presencia, el apoyo y la creatividad de Linda Wise ha sido fundamental para que Javier pueda explotar todo su potencial vocal y expresivo. No sólo para que en escena podamos ver todas las virtudes de Javier, sino para que el mensaje pueda llegar de manera clara y sensible a cada uno de los espectadores.

Finalmente, todo el equipo de técnicos, creativos y productores que nos acompaña en este viaje, tiene un espacio y un rol fundamental para que este proyecto original de Javier Liñera, pueda tener el alcance que merece. Hacer esta obra me parece un acto necesario. Javier dice que se lo debe a ellxs, yo digo que se lo debemos todos a los de ayer, a los de hoy y sobre todo a los de mañana.

Estamos dormidos. ¿Qué otra cosa podríamos hacer los artistas sino tratar despertar a golpe de canciones, de bailes y de historias a los que nos rodean?